La extrema derecha quiere cambiar el mundo. Y mucha gente estáconvencida de que eso es lo que el mundo necesita. Con combinacionesde nacionalismo, posiciones antiestado, xenofobia, racismo ymisoginia, pero también guiños a la comunidad LGBTI y consignasecologistas, con un aura de incorrección y novedad que atrae a losjóvenes, las llamadas "derechas alternativas" están protagonizando una revolución en la política occidental: orgullosas, levantan lasbanderas de la indignación y la rebeldía que eran la marca registradade la izquierda. El progresismo, mientras tanto, entre el desconcierto y el gesto despectivo, se abroquela en la corrección política y corre el riesgo de volverse parte del statu quo. Trump y Bolsonaro dejaronen claro que es hora de tomarse en serio las ideas de las derechasreaccionarias, aunque parezcan moralmente condenables o ridículas y,sobre todo, de entender cómo su discurso defensivo, sus líderescarismáticos y escandalosos y su provocación constante están lograndorepresentar a muchos de los que se perciben postergados en lassociedades contemporáneas, también en la Argentina.